Cuidando Mi Actitud Ante Los Desacuerdos
Publicado hace 11 horas - 29 ago 2025
De: Nolita W. de Theo¿Cuál es tu reacción inicial ante una idea contraria, una persona difícil, una creencia diferente? Creo que para mí, lo más fácil al toparme con algo o alguien que no piensa, actúa, habla como yo es ponerme a la defensiva y tratar de cambiar la circunstancia y/o su forma de pensar para sentirme más cómoda y a gusto en el entorno.
Con los años, me he dado cuenta que quizá responder inmediatamente con “lo que yo pienso” no es la mejor opción si también quiero cuidar mi relación con personas que vienen de un trasfondo distinto al mío.
Ahora con este punto de partida, la pregunta cambia para mí de ¿cómo los convenzo? a una que dice: ¿cómo puedo influir? ¿Cómo puedo brillar la luz en la oscuridad sin quemar a los que tengo cerca de mí? Y como suelo hacer, busco mi respuesta en la enseñanza de Jesús.
La historia que comienzo a estudiar es la de la mujer que ha sido sorprendida en adulterio. Una actividad que según la ley de Moisés, exigía una pena de muerte (Juan 8:1-11).
La multitud que trajo a la mujer ante Jesús obviamente tenía este castigo en mente al acusarla. Ella, al parecer, no tenía ninguna defensa y la aventaron a los pies de Jesús con desprecio y la auto-justificación de alguien que no había cometido tal delito (o por lo menos, no había sido sorprendido en el acto).
Mostrar Empatía
Jesús, después de verlos llegar, se ha vuelto a inclinar para seguir escribiendo en la tierra (siempre me he preguntado qué habrá escrito). Él aún no ha respondido nada, pero la escritura dice que no dejaban de demandarle una respuesta al Señor, así que después de un tiempo, se vuelve a incorporar para contestar.
Me encanta la reacción del Único que realmente tenía la autoridad moral para decir algo al respecto. La historia nos dice que Jesús dijo una sola frase después de escuchar las acusaciones: “El que esté sin pecado tire la primera piedra”. ¡Wow! No se pone a discutir la ley en sí, si tenía razón o no. Lo que yo veo en Sus palabras es una muestra de profunda empatía por la mujer.
La empatía te coloca en los zapatos de la otra persona. Es tener y desarrollar la capacidad de compartir las emociones de otra persona. Te hace pensar dos veces antes de tirar una piedra con la intención de lastimar porque no te gustaría recibir el efecto de dicha piedra arrojada hacia tu persona.
Esta frase los lleva a una examinación de sus propias vidas y acciones a la luz de la situación en la que han sorprendido a la mujer. Les traza las condiciones ante las que podrían ejecutar juicio: solamente el que no tiene pecado puede tirar la primera piedra. Y de nuevo se inclinó para escribir. Más tiempo pasa.
Darle Tiempo
El tiempo tiene que dejarse pasar para que obre en las personas el efecto la voz apacible del Espíritu Santo. El tiempo nos brinda distancia, permite que nuestras ideas se re-acomoden y nos regala la habilidad de ver las cosas desde otra perspectiva.
Sus acusadores, gracias a la obra del tiempo sobre su empatía (y razón), pudieron reconocer que ninguno de ellos estaba libre de alguna falta o pecado. Es contestar honestamente la pregunta: ¿Qué ventaja recibo con ganar un argumento, aclarar mi punto, o decir lo que pienso? Muchas veces, la respuesta, si somos honestos, es “ninguna”.
Cuando permites que el tiempo haga su trabajo tanto en ti y en tus emociones y pensamientos, como en la otra persona, lograrás ver la circunstancia desde otra perspectiva. Las “personas” o ideas que llegaron con tanto ímpetu y furor, se han apaciguado y calmado hasta dejar en su lugar la empatía y un nuevo punto de vista. Y eso abre el panorama a un último elemento que percibo en esta historia: la influencia que ahora pueden ejercer las palabras.
Usar Tus Palabras Para Influir
Nuestra mayor influencia llegará cuando la persona se siente escuchada y vista, cuando se ha pasado tiempo con ella y cuando las palabras que le hablamos son guiadas por la verdad y no por la emoción de algún prejuicio o idea arraigada. Ahora, ha llegado el momento cuando tendrás la oportunidad de ser de influencia en la vida de alguien.
Jesús, después de mostrar empatía y dejar que pasara un poco de tiempo, ahora habla. Sus palabras pueden ser un poco sorprendentes para aquellos de nosotros que sentimos que tenemos la obligación moral de advertir, corregir o regañar a los demás. Pero Él no usa las palabras para juzgar ni entra en una discusión sobre si tenían razón o no sus acusadores (creo que eso no estaba en duda); en cambio, lo que hace es tan sencillo como decirle: “Yo tampoco te condeno. Levántate y ya no hagas lo que te trajo hasta este lugar en primera instancia”. En otras palabras, le dijo que nadie la estaría juzgando ese día y que tenía la oportunidad de vivir de una forma muy diferente.
¡Qué liberador! Seguramente la vida de esa mujer nunca fue igual. Todo porque el que podía condenar y juzgarla, había decidido no hacerlo. Me enseña que lo importante no es quién tenga o no la razón, lo importante es brillar la luz de Jesús en todo lugar.
Ahora, cuando me topo con personas, ideas, conversaciones en las que algo difícil se tenga que tratar o hablar (como suele suceder), recuerdo estos tres elementos: mostrar empatía, darle tiempo y usar mis palabras para influir. Sé que si tomas la decisión conmigo de practicar estos pasos ante los desacuerdos, veremos cómo las situaciones pueden cambiar y nuestras relaciones se fortalecerán.
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Sobre el autor
Nolita nació y creció en Durango, México de padres misioneros. Es escritora/conferencista de profesión pero su pasión es el ministerio. Junto con su esposo, Naki, sirvió en el ministerio hispano de Lakewood durante 19 años. Ahora dirigen Juntos ACA.